(Anónimo)
Las Navidades, qué recuerdos en aquel cuartel de una aldea gallega…
Teníamos poco, ni agua corriente, pero eramos, cómo casi todos los niños de los guardias, felices…
Recuerdo con nostalgia cómo mi hermano y yo, buscábamos desesperadamante el lugar del armario, dónde mi madre guardaba el turrón, sí, en aquel altillo, dónde mi hermano y yo nos esforzábanos por llegar a él.
Una vez nos poníamos morados, intentábamos colocar lo que quedaba, de manera que no se notara demasiado y luego, delante del Belén, cantábamos villancicos con los otros niños del cuartel.
Teníamos un patio grande, dónde nos reuníamos y contábamos nuestros deseos para los Reyes, no podían traer muchas cosas, el sueldo de la guardia civil en los 80 era bastante pequeño…
Pero nos conformábamos… no había otra.
Aquella noche de Reyes, mi padre estaba de puertas, sí, dormia sobre aquel camástro de muelles, tapado con una mantina y su capa.
La mañana de Reyes, los hijos del Sr Emilio, del Sr Juan (cinco cada uno), mi hermano y yo, despertábamos al guardia de puertas para ver si ya había sentido a los Reyes, siempre contestaba que sí, con aquella cara de sueño y cansancio infinito.
Volvíamos a nuestros pabellones y esperábamos a la mañana, nerviosos.
Cuando por fin era de día, volvíamos al puesto, mi padre u otro guardia, ya se había levantado, muerto de frío, pero con algún regalo de sus majestades para cada uno.
¡Qué felicidad! once pequeñajos felices, abrazándolo…
Pero además ese día, los Reyes nos trajeron otra cosa, un nuevo hijo para el Sr Gonzalo, guardia también y la señora Sara, el día de Reyes, sí, había nació en el cuartel, esa noche, la cigueña había entrado por la ventana, esa noche fria y nos había dejado ese regalo que mirábamos asombrados.
El niño traía un golpecito en la frente fruto, según decía su padre, de un chichón al entrar por la ventana que le había dado la cigüeña…
Era Reyes, dos de nuestros padres salían de servicio, con sus capas Verdes, de Angel, cubiertas de nieve…regresaban tarde, muertos de frío, calados hasta los huesos, después de un recorrido por carreteras y montes de unos 30 km…les recibíamos con nuestras enorme sonrisas y besos, mi madre con aquel barreño de agua caliente para sus pies…y luego a compartir con nosotros los regalos.
Era mi padre, nuestros padres, fuertes, orgullosos, con un cansancio enorme en sus ojos, pero llenas de amor a su familia.
Los hijos de los guardias, teníamos ese sentimiento de que nuestros padres eran especiales y estábamos muy orgullosos.
Luego jugábamos con los otros niños, horas y horas.
Me encantaba que nos cogiera en sus brazos y nos rodeara con aquella capa cuando se iba o volvía…
Era mi padre, un hombre honesto, cómo tantos y éramos los niños de los guardias, siempre algo distintos a los demás.
Siempre en mi recuerdo papá y querido hermano, en mi corazón todos aquellos guardias y sus familias…
¿Dónde estarán? no lo sé, pero…
¡FELIZ NAVIDAD FAMILIA!

